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Humanizar la interacción social en cualquier ámbito (personal, profesional, educativo,…….) pasa por adoptar un estilo de comunicación que favorezca esa misma interacción. Una comunicación que se aleje de modelos paternalistas y/o autoritarios, competitivos o irresponsables. Y que, por contra, se acerca a promover la colaboración, la dignidad de la persona y la responsabilidad.

Una de las técnicas que podemos emplear para formatear este nuevo estilo es la reformulación.

La reformulación es, en origen, una técnica de escucha activa mediante la cual repetimos la idea principal del mensaje con nuestras propias palabras.

Esto puede tener un triple efecto:

  1. demostramos interés por el interlocutor (empatía),
  2. le damos la oportunidad de expresarse mejor (al hacer de espejo de sus palabras), y por tanto
  3. conseguimos entenderle mejor.

Ya sólo desde este prisma, la reformulación se convierte en una herramienta fundamental para mejorar las relaciones humanas. Pero, ¿se puede ir un paso más allá? ¿Podemos usarla para provocar cambios conscientemente? ¿Podemos ir un poco más allá de lo que nos ha dicho nuestro interlocutor? Es decir, ¿podemos ayudarle a explorar, a tomar conciencia, a hacerse responsable de sus problemas y decisiones?

Si trabajas con estudiantes, alumnos, empleados, clientes o pacientes te serán útiles algunos de los usos que te propongo:

  • Cambiar los ATAQUES por DESCRIPCIONES del comportamiento. Para aplicar esta técnica de forma eficaz debemos usar un lenguaje neutral. Después, cambiar las ETIQUETAS por descripciones. Veamos primero un ejemplo erróneo (forma reactiva) y luego nuestra contestación al mensaje (forma proactiva)
    • Forma reactiva: “Este trabajo es un desastre”
    • Forma proactiva: “Te molesta algún aspecto del trabajo que ha hecho”.
  • Sustituir los ERRORES del pasado por OBJETIVOS. Es el útil arte de transformar los problemas en oportunidades.
    • Forma reactiva: “La planificación ha sido una mierda”.
    • Forma proactiva: ” Hemos de mejorar la planificación y la gestión del tiempo.
  • Distinguir HECHOS de INTERPRETACIONES. Las personas somos máquinas de interpretación. Y no sólo eso. Si no que, en muchas ocasiones, llevamos esas interpretaciones al límite, cegándonos a ver aspectos que nos resultarían útiles. Cuando nos limitamos, tendemos a sacar conclusiones precipitadas sobre un hecho puntual o a reducirlo todo a categorías extremas.
    • Forma reactiva: “Soy un fracaso”
    • Forma proactiva: “No has obtenido la calificación que esperabas”
  • Pasar de VíCTIMA a RESPONSABLE. Uno de los usos más potentes de la reformulación es cuando tenemos la opción de cambiar el punto de vista de la persona de víctima a responsable. ¿Cómo saber cuándo una persona está una posición de víctima? Fácil. Cuando su forma de hablar expresa que la causa de los problemas está fuera de él. Cuando espera que las circunstancias  externas a él cambien para empezar a tomar decisiones.
    • Forma reactiva 1: “No han hecho el trabajo como yo quería”.
    • Forma proactiva 1: “Parece que te faltó claridad a la hora de hacerte entender”.
    • Forma reactiva 2: “Me han suspendido el examen”.
    • Forma proactiva 2: “No has estudiado lo suficiente”.
    • Forma reactiva 3: “Mi equipo está desmotivado”
    • Forma proactiva 3: “Te cuesta motivar al equipo”.

 

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