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¿Cuestión de talento?

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Cada uno de nosotros posee uno o varios talentos que nos hacen únicos. ¿Cómo se puede educar o desarrollar el talento?

Según José Antonio Marina, el talento es la inteligencia que sabe movilizar los conocimientos y las emociones necesarias para conseguir metas. La educación es la que genera este talento. Según el autor, no se nace tanto con ellos. En todo caso, podemos heredar la facilidad, pero la educación debe desarrollar estas facilidades.

El talento es convertir el conocimiento en comportamientos. Comportamientos ligados a poner en valor lo que se sabe, puede y se quier hacer según los valores y motivaciones de cada uno.

Cómo identificarlos. Es importante saber lo que nos gusta hacer. El disfrute. A partir de aquí, práctica deliberada. De nada sirve el disfrute sin muchas horas de vuelo. Hacer lo que me gusta, disfrutando en el proceso de dedicarle mucho tiempo. El esfuerzo debe entenderse no como algo sacrificado o doloroso, sino como hacer mucho de lo que me gusta.

Pon foco en lo que quieres y a partir de ahí, sigue haciéndolo.

3 consejos básicos:

– Evita la tentación de caer en el victimismo. Vivir la vida como protagonistas. Elegir cuáles son tus prioridades.

– Dedicar tiempo a aquello que has elegido. Habilidades indispensables: Aprender y Observar.

– Tener actitud de aprendizaje. Humildad. Aprender de cualquier cosa. Cualquier fuente puede servir para desarrollar talentos. No hay una sola manera de aprender. Explótalas todas.

Se considera que la gran riqueza de las organizaciones es el talento. Tiene que ver con la inteligencia. Aquella inteligencia que sabe elegir las metas, poner en acción recursos intelectuales, operativos y emocionales para ejecutar acciones para llegar a esas metas.

El talento es siempre acción. El talento que se queda en el no intentarlo, en el bloqueo, en la inacción, no es talento.

La capacidad del cerebro es todavía mayor de lo que pensábamos. Los descubrimientos sobre plasticidad cerebral están demostrando que cuanto más aprendemos más fácil nos resulta aprender. Y esto depende exclusivamente de la experiencia, de crear las circunstancias adecuadas y aprovecharlas.

Con el talento no se “nace”. El talento se genera. Cuanto mayores son las facilidades y el entrenamiento, mayores son los talentos. Se hace necesario no sólo el entrenamiento sino una experiencia guiada, de ahí la importancia de la educación, o de una autoeducación guiada.

¿Cómo fortalecer esta experiencia guiada? Algunas pautas:

  • Educar en tener pensamientos positivos. Así como nos acostumbramos a pensar, así percibimos y filtramos el mundo. El cerebro tiende más a fijarse en lo negativo, pero esto es sólo un filtro que nos impide fijarnos en aspectos positivos muy útiles que nos van a predisponer a la acción mucho más que si nos quedamos con sólo con lo negativo. ¿Qué hacer para cambiar el filtro negro? Fácil. Se trata de empezar a focalizar el pensamiento en otra dirección. Posibles ejercicios: 1. Haz un inventario de 5 logros que has tenido a lo largo de tu vida y las emociones que experimentaste cuando conseguiste esos logros; 2. Haz un inventario de 20 cualidades positivas tuyas o pide a personas de tu entorno cercano que lo elaboren.
  • Ser capaz de prestar atención. Los estudios dicen que la capacidad de atención de la población general ha disminuido 4 segundos en 15 años. Se hace necesario un replanteamiento de nuestros modelos de aprendizaje y de acceso a la información. Además de eso, la atención y la concentración son como un músculo que se puede entrenar con distintos ejercicios y actividades.
  • Elegir las metas. Saber dónde uno quiere llegar condiciona a nuestro cerebro a ponerse en movimiento. Potencia la capacidad de atención y concentración. La experiencia nos muestra que no basta sólo con una gran meta a largo plazo, sino saber descomponer ésta en pequeños trozos manejables más a corto plazo.
  • Mantener el esfuerzo. La perseverancia guiada es condición indispensable para desarrollar cualquier cosa. Al contrario de lo que se piensa, muchas veces la acción antecede a la motivación y no al revés. Empieza con cosas pequeñas y metas a corto plazo que te permitan comprobar que un pequeño paso motiva hacia el siguiente, y así sucesivamente. Nos ayudará también el punto anterior: tener claras nuestras metas y saber descomponerlas. Interiorizar la idea de que, más que cualquier otra cosa, la constancia en la acción lleva a resultados.
  • Aplazar las recompensas a corto plazo a favor por recompensas mayores a largo plazo.

Según Howard Gardner, normalmente se constriñe a todas la personas a una misma educación que nos puede llevar como mucho en profesores universitarios. Para desarrollar al máximo el talento, cada niño tiene que recibir una educación distinta. La diversificación en la educación está más en el tapete que nunca.

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