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La creencia crea tu realidad

 

Observa bien la foto. La pregunta es sencilla: ¿Ayudarías al niño? Si la respuesta es “sí” o “no”, la siguiente reflexión sería pensar en las razones por las que lo harías. Entre esas razones seguro que hay muchos argumentos que podemos cuestionar. Si, por ejemplo, has pensado que el niño está solo, que no tiene a nadie, que es huérfano o que lo están explotando, pueden parecer afirmaciones bastante lógicas.

Dejan de serlo cuando cuestionamos a fondo el contexto. ¿Por qué cuestionar el contexto? Sencillamente porque no lo conocemos. ¿Qué pruebas tengo de que lo que estoy pensando es así? La única prueba es mi imaginación. Mis ideas preconcebidas. El análisis racional sólo nos puede llevar a una conclusión racional: nos falta información.

Quizá el niño está disfrazado, ensayando para una obra de teatro. Quizá las cajas están vacías y está jugando a que le pesan mucho. No conocemos el contexto. Y como no lo conocemos, no podemos juzgar. Lo curiosos de la vida es que vamos por ahí sacando conclusiones apresuradas sin tener elementos de juicios suficientes, a veces totalmente insuficientes. Sacamos conclusiones en base a nuestro limitado contexto, y desde luego, no en base al contexto del otro, que desconocemos u obviamos.

A lo largo del tiempo vamos cosechando creencias positivas y negativas sobre el mundo, las personas y sobre nosotros mismos. Estas creencias van configurando tu forma de pensar, de percibir, de interpretar, de actuar. Van formando hábitos y, como consecuencia, una forma de vivir y de estar en el mundo.

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